Vida activa

Prevención del trastorno por atracón en niños

Los niños nos escuchan y nos observan. Sus padres y el resto de familiares, que es con quienes los niños tienen un mayor vínculo emocional, son un ejemplo a seguir tanto para lo bueno como para lo malo.
Y para muestra… un botón: cuando yo era pequeña a mi madre se le cayó del tendedero un calcetín y fue a parar al piso de abajo, y me mandó tocar a la puerta para ir a buscarlo. Cuando la vecina abrió, me quise asegurar de que había tocado el timbre de la puerta correcta y le pregunté si ésta era la familia que vivía justo debajo de nosotros. Pero no usé estas palabras. Utilicé el mote despectivo que en mi familia se usaba para designar a la familia de abajo, que era conocida por nosotros por tener comportamientos un poco extravagantes. No fue muy agradable la bronca que me echó mi madre cuando le expliqué cómo había recuperado el calcetín, pero yo solo me limité a copiar lo que había escuchado tantas y tantas veces!!

timbre

De igual manera, la forma en la que hablamos a los niños, o como los adultos hablamos entre nosotros cuando hay niños delante, tiene que ver con la prevención del trastorno por atracón y otros trastornos alimentarios. Esto nos concierne a todos, aunque no tengamos niños cerca, porque de lo que se trata es de no focalizarse tanto en la forma de nuestro cuerpo, el peso y las dietas. Llevar nuestra atención a cómo tratamos este tema delante de los niños, es especialmente importante como prevención para que no entren en el círculo vicioso de hacer dieta-ganar peso-hacer dieta ad infinitum que vemos como algo frecuente pero no deseable en muchos adultos, y lo que es más importante, como parte de la prevención de los trastornos alimentarios en general, no solo el trastorno por atracón.

Es sabido que las dietas no suelen funcionar a largo plazo como estrategia para perder peso. El problema es que hacer dieta es todavía algo muy extendido y que incluso se celebra en nuestra sociedad como muestra de fuerza de voluntad y tesón, en vez de intentar prevenirlo. Cuando una persona me explica que está haciendo dieta y está muy contenta porque ya está notando que ha perdido algo de peso, la reacción automática que me viene a la cabeza es felicitarla por su esfuerzo y por el resultado. Tengo que pensar dos veces para no caer en eso, puesto que sé que es lo que socialmente se espera de mí. Pero… ¿y si esa persona vuelve a engordar? (cosa muy probable si nos fijamos en las estadísticas) ¿entonces, qué?

El hacer una dieta con restricción calórica tiene mucho impacto como causa del trastorno por atracón. No proveer al cuerpo de comida suficiente con el objetivo de perder peso puede provocar que tu cerebro le acabe dando mucha importancia a la comida y se convierta en algo prioritario, con lo que es muy fácil que sobrevenga la compulsión por comer algo de manera urgente, hecho característico del trastorno por atracón.

Por eso, prevenir que se hagan dietas es una forma de prevenir el trastorno por atracón.
Claro que hay otros factores para que esto ocurra, como los medios de comunicación, la industria de las dietas, la publicidad, etc, pero eso no significa que debamos desentendernos de nuestra responsabilidad como adultos que ejercemos un rol en la vida de los niños (tanto si ese rol es intencionado como si no), sabiendo que ese rol tiene mucha probabilidad de reproducirse de manera inconsciente por parte de ellos y que piensen que hacer dieta es algo normal en el proceso de hacerse mayor, que ser delgado es bueno y gordo es muy malo, y que hay que tener miedo a estar gordo.

Comentarios casuales sobre dietas entre adultos sin tener en cuenta que los niños pueden estar escuchándonos, pueden tener un impacto acumulativo, y entonces es muy fácil que, tiempo después, ante algún insulto o rechazo hacia ellos por parte de alguna persona, puedan tener deseos de hacer dieta y pensar que eso arreglará todo y serán más aceptados socialmente.
Hacer dieta no es deseable para nadie, pero es especialmente peligroso y arriesgado en niños y adolescentes, puesto que están en una etapa de crecimiento y una restricción calórica les afecta negativamente. Además son más vulnerables a desarrollar un trastorno alimentario, debido a que el córtex prefrontal, el que nos ayuda a tomar buenas decisiones de manera racional y a tener un cierto autocontrol, todavía está desarrollándose. Una vez se ha establecido el trastorno por atracón (que puede ser secundario a una anorexia o bulimia), necesitamos que esta área del cerebro esté plenamente desarrollada para acabar con el hábito de los atracones, puesto que es el área instintiva del cerebro, la zona límbica, la que toma relevancia cuando nos atracamos.
Las personas jóvenes tienen un instinto neurológico de supervivencia muy acentuado que las hace muy sensibles a cualquier amenaza de deprivación alimentaria, como lo sería una dieta. Cuando el cerebro percibe que hay privación de nutrientes, enlentece el metabolismo y puede producir compulsiones para que comas más por si vuelve a haber otro periodo de privación de comida, haciendo que se salte la dieta y se gane todo el peso que se ha perdido, y muchas veces incluso llegando a un peso más alto al que se tenía cuando se inició la dieta. A veces incluso llevará a la persona a comer en grandes cantidades, pudiendo desarrollar el trastorno por atracón.

 

Estas son algunas de las cosas que se pueden hacer para prevenir que los niños hagan dieta y con ello prevenir el trastorno por atracón:

– No hagas comentarios negativos sobre la forma de tu cuerpo, ni siquiera cuando alguien te hace un halago sobre tu cuerpo. Aunque no te sientas satisfecho con la forma de tu cuerpo, no hagas comentarios negativos sobre ello, ni expreses tu deseo de perder peso. Tus hijos piensan que eres genial como eres. Está bien hablar sobre lo que tu cuerpo es capaz de hacer (“Tengo los brazos fuertes, y me permiten llevar las bolsas llenas de comida del mercado”)
Trabaja en la aceptación de la forma de tu cuerpo si ves que tu autoestima depende mucho de ella. No dejes de ir a la playa con tus hijos aunque tengas inseguridad por tu imagen corporal. Deshazte de la báscula.

– Tampoco hagas comentarios sobre la forma del cuerpo de tus hijos o de otros niños. No digas que está rellenito, o que es un palillo y que tiene suerte de ser delgado y además poder comer lo que quiera. Le estamos mandando el mensaje de que estar delgado es lo deseable y que debería estarlo siempre. Si ponemos tanta atención en la forma de su cuerpo, las niñas pueden tener deseos de hacer dieta cuando llegan a la pubertad, con los cambios en la forma del cuerpo que ésta conlleva, cuando es un proceso fisiológico que implica la ganancia de grasa para poder ser fértil.
Enfoca tu conversación en apreciar características de tus hijos o de otros niños que no tengan que ver con la forma de su cuerpo o su belleza (“Admiro la paciencia que has tenido cuando estábamos haciendo cola para que nos atendieran en la tienda”)
En este estudio de 2016 se ha comprobado que hay una correlación entre los comentarios que hacen los padres sobre la forma del cuerpo de sus hijos y la insatisfacción corporal cuando se llega a la edad adulta.
No hables sobre si alguien ha ganado o perdido peso, o “mira qué gordo o qué flaco está”. Enseña a los niños que todos somos diferentes, que todos somos valemos igual, aunque no lo tengas interiorizado del todo, puesto que sabes que esas creencias no ayudan a tus hijos.
Tampoco hagas bromas sobre personajes gordos que aparecen en la televisión (desgraciadamente, la televisión ya se encarga de estigmatizarlos)

– Explícales que a veces los adultos hacen las cosas al revés, aunque sea con la mejor de las intenciones. Los niños se encontrarán con otros adultos, incluso en su entorno familiar, que hablarán de forma que muestren sus prejuicios con el tema del peso y la talla. Cuando detectes un comportamiento gordofóbico, sea por parte de los compañeros de tus hijos, de sus maestros, o de cualquier otro adulto en contacto con ellos, no lo dejes pasar y como mínimo aprovecha el momento para explicar a los niños tu visión sobre el tema.

– No digas que tal comida es una bomba calórica y te hará ganar peso. Está muy bien que los niños sepan qué comida es la que mejor nutre nuestro cuerpo y es bueno ayudarles a hacer buenas elecciones, pero sin poner la atención a la forma del cuerpo, sino a la salud, a tener energía y vitalidad. Además, la motivación a través del miedo no suele funcionar a largo plazo.

Después de comer, no hagas comentarios asociados con sentirte culpable por lo que has comido. Si has hecho una mala elección, aprende sobre ello para la próxima vez. Después de una comida copiosa, no digas a tu pareja “Vámonos a dar un paseo para compensar todo lo que nos hemos comido”

– No les des a los niños el mensaje de que ahora pueden comer lo que quieran pero llegará un día que tendrán que vigilar lo que comen. Esa actitud solo conduce a ganar peso a largo plazo por comer en exceso.

– Si alguien te ofrece un postre y en ese momento haces la elección de no comerlo, no alegues tu elección al peso o forma de tu cuerpo, ni a que tienes una boda pronto y quieres caber en tal vestido. Si en alguna ocasión eliges comer algo más saludable que lo que están comiendo en ese momento tus hijos, diles que prefieres comer algo que te hace sentir con más energía, o simplemente que te apetece más comer ese alimento.

– Si vas al gimnasio o haces algún tipo de ejercicio, diles a tus hijos que vas porque quieres estar fuerte, porque te gusta la sensación que te queda después de haber ido. Asocia el hecho de hacer ejercicio a diversión.

– Explícales qué hábitos les llevarán a una vida saludable: respetar las horas de sueño, comer alimentos que les harán sentir bien, caminar y disfrutar del ejercicio al aire libre. Y procura ser un buen ejemplo de todo ello.

Cuestiona los modelos irreales de belleza que nos venden los medios de comunicación y de la publicidad; cómo y por qué la industria promueve nuestra insatisfacción corporal. Habla sobre las fotos retocadas con Photoshop, sobre qué porcentaje de personas tienen el cuerpo que nos enseñan en los medios, por qué no hay diversidad corporal representada, etc. Una encuesta realizada de PACEY (Professional Association for Childcare and Easly Years), en el Reino Unido, demostró que incluso algunos niños de 3 años ya tenían una pobre imagen corporal.

Infografia Insatisfaccion corporal

Fuente: Common Sense Media

– Teniendo en cuenta el grado de maduración que tenga el niño, se le puede empezar a explicar conceptos como el privilegio de la delgadez: como algunas personas son tratadas mejor en nuestra sociedad dependiendo de su físico y su forma corporal, y la posibilidad de luchar contra ello si eso no nos parece justo. Ese puede ser un buen punto de partida para explicar otras formas de opresión en la sociedad como el racismo, la homofobia, el clasismo, el sexismo, la discriminación por edad…

Como conclusión, decir que si llevamos un estilo de vida saludable (y evitamos presentarles el concepto de dieta y control de peso) tendrán más posibilidades de hacerlo ellos también, durante toda su vida.
Si nos enfocamos en comer bien y llevar una vida activa teniendo como objetivo la pérdida de peso, y no llegamos a tener un cuerpo lo suficientemente delgado a pesar del cambio de hábitos, podemos desmoralizarnos y pensar “para qué molestarse en ello”, y consecuentemente abandonemos esos hábitos, perdiendo nuestra salud por el camino.
Si por el contrario nuestro peso está en un IMC (índice de masa corporal) considerado normal, podemos pensar que llevar una dieta equilibrada no es tan importante, al no ser estigmatizados socialmente por nuestro peso y pensar que con estar dentro del IMC todo está bien.
Intentemos no plantar la semillita de la gordofobia en nuestros hijos. Nos lo agradezcan o no, les haremos un bien.

 

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diagnóstico del trastorno por atracón

¿Por qué cuesta tanto pedir ayuda y llegar al diagnóstico del trastorno por atracón?

Vamos a ver algunos de los motivos por los que puede que cueste tanto tiempo llegar al diagnóstico del trastorno por atracón, y en consecuencia, a su tratamiento.

 

Ha sido el gran desconocido dentro de los trastornos alimentarios.

Aunque es el trastorno de la conducta alimentaria más prevalente, hasta hace relativamente poco ha sido el gran desconocido, tanto por la población general como por la comunidad médica no especializada. Hasta el 2013, en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), el trastorno por atracón estaba incluido en un cajón de sastre  dentro de los Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados (TCANE). En el DSM-V, este trastorno ya se eleva a una categoría diferente dentro de los trastornos de la conducta alimentaria. Este trastorno suele requerir ayuda médica multidisciplinar, y a veces, aunque el paciente esté dispuesto a recibir ayuda, el médico que le ha atendido en primera instancia puede que no lo derive a la unidad correspondiente por desconocimiento.

 

Creemos que lo que nos pasa es porque no somos lo suficientemente fuertes.

Y pensamos que algún día encontraremos ese autocontrol que nos falta, y no hará falta que nadie nos ayude porque solo es cuestión de intentarlo con más ahínco. De esta creencia viene la culpa que sentimos después de comer sin hambre algo que nuestro cuerpo no necesita. Y así, intento tras intento podemos pasarnos años y años.

 

Creemos que la recuperación implica la pérdida de peso.

En la cultura de las dietas en la que estamos todos inmersos, lo más lógico y natural para nosotros es pensar que la recuperación no se puede dar si no se pierde peso. No solo esto no es cierto, sino que hacer dieta con el objetivo de perder peso es uno de los factores causales del trastorno por atracón. Es un pez que se muerde la cola: quiero perder peso-hago dieta-pierdo peso-atracones-subo de peso-quiero perder peso-hago dieta otra vez y vuelve a empezar el ciclo. Y así, también pueden pasar años y años.

 

Nuestro perfeccionismo, que va ligado a nuestros miedos.

Algunas personas con trastorno por atracón tenemos una mentalidad perfeccionista, y pensamos que al iniciar un tratamiento, tendremos que cumplir con todo lo que nos dicen y no fallar nunca porque somos hiperexigentes con nosotros mismos. Esto implica un miedo al fracaso enorme, y a veces preferimos quedarnos con lo malo conocido que con lo bueno y desconocido. Un factor ligado a esto es pensar que el tratamiento implicará pasar mucha ansiedad durante mucho tiempo al cambiar nuestros hábitos alimentarios. Esto no es cierto. Puede haber momentos puntuales en los que nos pase, pero van a ser mucho más llevaderos que la culpa y la tristeza que se suele experimentar después de cada atracón.

 

Pensamos que somos un caso perdido.

Tenemos tan baja nuestra autoestima que podemos llegar a pensar que no vale la pena ni intentarlo porque siempre hemos sido así y va a ser imposible cambiar. Sin ir más lejos, yo misma he tenido ese pensamiento muchas veces y ahora le diría a la Marina de ese entonces que tuviera confianza en ella misma, que no ocurre de un día para otro pero la recuperación llega si uno/a se pone a ello con la ayuda adecuada.

 

Pensamos que la ayuda que nos van a prestar va a ser contraproducente y/o solo va a servir a corto plazo.

Este pensamiento lo tuve cuando empecé a tener claro que si quería recuperarme, me tenía que olvidar de tener la pérdida de peso como objetivo. Al menos en un principio. Para ese entonces, ya había sido tratada con terapia individual psicológica en un centro especializado en trastornos alimentarios. Allí me pesaban cada semana pero no me decían la cifra que marcaba la báscula. Trabajamos en mejorar los hábitos alimentarios, pero yo lo vivía como una dieta, con la consecuente rebelión que vino meses después de que me dieran el alta. Por eso a partir de ahí me quise asesorar muy bien antes de dar un paso adelante y hacer una llamada de teléfono para pedir hora en algún centro. También trabajamos otros aspectos como la asertividad pero no se trabajó apenas la percepción de mi cuerpo, o por qué mi autoestima se basaba tanto en la imagen corporal y cómo cambiar esto. De hecho es un trabajo en constante progresión. Aunque ya no haya atracones en mi vida todavía hay mucho que mejorar en este aspecto.

 

Por vergüenza.

Muchas personas solamente comen de manera compulsiva cuando están solas. Es su gran secreto. Se sienten avergonzadas por ello y no lo explican, ni siquiera a la familia con la que conviven. Como mucho puede que pidan ayuda a un dietista para hacer dieta pasando por alto su forma de comer con la sensación de pérdida de control. Hacen el esfuerzo de seguir la dieta sin comer compulsivamente (los atracones desaparecen), va pasando el tiempo hasta que llega el momento en el que inevitablemente abandonan la dieta y vuelven los atracones, culpándose por ello porque piensan que su incapacidad para seguir con las normas que impone la dieta se debe a su dejadez o falta de fuerza de voluntad.

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